Ansiedad … Qué es y sus tipos ( y cómo se quita)

La ansiedad es algo que todos hemos experimentado en algún momento, pero hay personas que la tienen de forma constante. Quienes no lo padecemos de esa manera solemos tener dificultades para entender a los que sí y es común que lleguemos a decir cosas desafortunadas como ¿Pues qué te pasa? ¿Por qué no le echas más ganas? O que sencillamente no sepamos cómo apoyarlos pues lo que a nosotros nos ayuda a ellos simplemente no.

En este post intentaremos responder a ¿Qué es la ansiedad?, ¿Cuáles son los tipos de ansiedad? ¿Cómo tratarla? ¿Cuáles son los síntomas? Y finalizamos con la importancia de acudir con un profesional especializado para lograr vivir diferente y sentirnos mejor.

Contenido

Señales y Síntomas de la Ansiedad

  • Preocuparse demasiado por las actividades diarias
  • Tener problemas para controlar sus preocupaciones constantes
  • Ser conscientes de que se preocupan mucho más de lo que deberían
  • Tener dificultad para relajarse
  • Tener problemas para concentrarse
  • Ser fácilmente sorprendidas
  • Tener problemas para dormir o permanecer dormidos
  • Sentirse cansados todo el tiempo
  • Tener dolores de cabeza, de los músculos, del estómago o dolores inexplicables
  • Tener dificultad para tragar
  • Tener temblores o tics (movimientos nerviosos)
  • Sentirse irritables, sudar mucho y marearse o sentir que les falta el aire
  • Necesitar ir al baño seguido

¿Qué es?

La ansiedad es una respuesta física y psíquica a un peligro, forma parte de un muy primitivo mecanismo de supervivencia que ante una amenaza de vida o muerte da origen a la reacción de lucha o huida.

Básicamente lo que sucede es que, ante la percepción de una amenaza, el organismo se activa para preparar una defensa, ya sea que consista en una huida de lo que se percibe como riesgo o en última instancia luchar contra este. La preparación incluye una agudización de la visión, aceleración del pensamiento, palpitaciones rápidas y fuertes para alimentar de más sangre a los músculos, al mismo tiempo que la sangre se retira de las extremidades y se aglutina en los grupos musculares grandes que se tensan para estar listos, se segrega adrenalina y las palmas de la mano sudan para refrescarse y la respiración se hace más rápida para aumentar la oxigenación.

En pocas palabras la ansiedad es un estado corporal y mental de alerta máxima para sobrevivir, por lo que no es algo “malo” pero al ser una forma de protección muy primitiva y extrema está “diseñado” para enfrentarse a amenazas como depredadores y catástrofes naturales, sin embargo en el mundo de hoy dichas amenazas son poco probables, los peligros que existen son mucho más “simbólicos” y determinados por la sociedad como son el temor a perder el trabajo, la muerte de alguien querido, perder a nuestra pareja (o conseguirla), no tener dinero, enfermarse, la preocupación de relacionarnos con otros o que se cuestione nuestro propio valor como individuo.

Ante estas graves (y constantes) pero simbólicas amenazas el cuerpo activa el estado de supervivencia, lamentablemente es poco o nada efectivo ante los peligros ya que no sirve para huir si me corren del trabajo ni atacar al jefe, esta respuesta busca reprimirse (porque no se puede atacar al jefe, aunque a veces quisiéramos puesto que nos acarrearía consecuencias aún más peligrosas) lo cual genera muchísimo malestar y complicaciones. Por lo tanto, este mecanismo de activación diseñado para mantenernos vivos se convierte en un problema, porque a veces no queda claro por cual amenaza se activa o a veces “se descompone” puesto que la activación ansiosa es constante, provoca muchísimo malestar y sufrimiento y no aporta soluciones.

Tipos de Ansiedad

Un segundo problema es que este mecanismo se dispara automáticamente ante la “percepción” de una amenaza y lo que yo percibo como una amenaza depende mucho de mi historia de vida, por ejemplo, si yo he podido aprender que mi vida estaría en peligro si yo tuviera enfermedades de cierto tipo, es probable que mi ansiedad se dispare ante cualquier síntoma físico (este tipo de ansiedad es el que llamamos hipocondría), o por ejemplo, puedo pensar que los espacios grandes o pequeños representan una amenaza por la presencia o cercanía de personas que puede percibirse como peligroso por lo que la respuesta será justo el experimentar ansiedad (esta última es lo la ansiedad social). En ese respecto lo que origina la ansiedad puede ser muy variado, subjetivo y distinto de persona a persona.

Si dicho estado es constante y lo que lo origina en ocasiones ya son los pensamientos mismos (¿ y sí…?) o sencillamente no sabemos por que nos sentimos así pero no podemos dejar estar de esa manera, es lo que llamamos trastorno de ansiedad generalizado.

Hipocondría
Ansiedad por Covid-19

Ilustraciones propiedad de: Montt

¿Cómo se quita la Ansiedad?

Corresponde a un psicólogo clínico el tratamiento de la ansiedad, localizar la posible causa y seleccionar las estrategias adecuadas para cada caso pues aunque los síntomas sean parecidos, el cómo se llegan a presentar estos depende de la historia de cada persona.

Por otro lado, para disminuir los síntomas de la activación física, las técnicas de respiración diafragmática lenta y la relajación muscular progresiva de Jacobson te pueden ser de mucha ayuda cuando se presenta una crisis, más abajo colocaremos enlaces que te pueden ser de utilidad en caso necesario.

Dependiendo de cada caso, el psicólogo clínico puede optar por trabajar de manera conjunta con un psiquiatra quien puede utilizar medicación ansiolítica;  El uso de estos medicamentos es útil siempre y cuando se siga rigurosamente el plan de tratamiento y aunque no curan, si ayudan a tener un respiro cuando las crisis son muy recurrentes, sin embargo, el entender qué nos causa la ansiedad será siempre la forma en que podamos dar una solución real.

 

Ya que la activación de la ansiedad se produce por la percepción de un peligro es necesario, en primer lugar, ubicar qué peligro es el que se percibe y ahí es donde se encuentran las diferencias entre los distintos tipos de terapia para la ansiedad. Hay algunas que utilizan las llamadas técnicas cognitivas y auto instrucciones que se centran en la reeducación de nuestros pensamientos y esto en muchas ocasiones disminuye la frecuencia e intensidad de las crisis.

En otros modelos psicoterapéuticos se practica una comprensión de las causas que no nos son evidentes y que son llamadas inconscientes. El camino para comprender cuál es el peligro que percibimos y que no es evidente puede ser laborioso, sin embargo a menudo da lugar a un cambio real y perdurable pues nos permite llegar a una comprensión distinta de nuestra propia historia para vivirnos de una forma diferente y echar mano de recursos que tenemos pero desconocíamos para enfrentar las situaciones estresantes sin que esto sea percibido como una amenaza de vida o muerte.

Y ¿Dónde pedir ayuda?

Dependerá mucho del grado de malestar que la ansiedad te esté causando. Es posible intentar mediante videos educativos de libre circulación en la red para aprender técnicas de respiración y relajación que pudieran ser de ayuda para ti.

Si la ansiedad en cualquiera de sus formas ha empezado a afectar significativamente tu capacidad para disfrutar la vida o cumplir con tus actividades cotidianas es altamente recomendable que visites al Psicólogo, pues es probable que la afectación aumente con el tiempo.

El tipo de terapia a la que acudas dependerá mucho de tu forma de ser, sin embargo, la mayoría de las personas responden bien a la terapia psicoanalíticamente orientada puesto que al hacer Insight (darse cuenta de la causa) son capaces de organizar respuestas distintas a los problemas de la vida y logran no solo una mejoría a corto plazo sino que son capaces de mantener un estado de bienestar duradero.

¡Dándote un respiro! (técnicas para disminuir síntomas)

Técnica de relajación perfecta para reducir los problemas físicos relacionados con la tensión, y herramienta indispensable para afrontar y reducir el malestar en situaciones con una alta carga de ansiedad.

Técnica de relajación perfecta para reducir el estrés, especialmente en aquellas situaciones en las que pasemos mucho tiempo encerrados en algún lugar.

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