Adolescencia

¡Ayuda! Tengo un adolescente en casa

adolescentes

Mucho se ha dicho que la adolescencia es la etapa intermedia entre la infancia y la adultez. Sin embargo, desde esta visión tendemos a olvidar que la adolescencia, como cualquier etapa del desarrollo cuenta con sus propias características.

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En realidad, la adolescencia es una transformación en todos los aspectos de la vida del joven que tendrá un gran impacto en su forma de vivir la adultez. Digamos que es un proceso de preparación para la vida adulta.

espejo 2

Pero para que esto ocurra, el ahora púber se encuentra ante la tarea de encontrarle un sentido a sus repentinos cambios físicos. Si has observado de cerca esta transición te podrás dar cuenta de que, incluso desde nuestra perspectiva adulta, “el estirón” es notable casi de 

De la noche a la mañana: se fue a dormir un niño pequeño y despertó un púber en “la edad de la punzada”, de largas extremidades, abruptos cambios de humor, en ocasiones susceptible y en otras, hiriente con los adultos que le rodean.

La Adolescencia y sus cambios Físicos

Adolescencia- menarca

Por lo general la primera regla (menarca), aparece entre los 12 y los 15 años de edad, aunque hay niñas que se desarrollan más temprano (a los 8 años) y algunas  tardan un poco más 

Los niños pueden comenzar a notar un crecimiento de los testículos desde los 9 años de edad.  Tras esto, el pene comienza a agrandarse y a la edad de 17 a 18 años, alcanzan el tamaño adulto.

ver pene

Si como adultos, estos cambios físicos del adolescente  nos resultan asombrosos, para el púber resulta confuso y en ocasiones terrorífico, pues tiene que encontrar la manera de habitar su nuevo cuerpo, que le plantea tantas contradicciones. En primer lugar, el ya no se ve como un niñito pequeño e indefenso: ahora él se ve como alguien grande y fuerte que puede llevar a cabo muchas cosas que de pequeño soñaba con hacer: tomar, fumar, desplazarse lejos de sus padres, en fin, jugar a ser adulto. Y después, en muchas ocasiones, el adolescente regresa atemorizado a casa, pidiendo ser tratado nuevamente como un niño pequeño al descubrir que hacer cosas de grandes puede resultarle angustioso.

Al igual que un niño que comienza a caminar, son ensayos del joven para lograr una independencia en el futuro, pues para poder separarse de ellos necesitará construir en el mundo de afuera nuevas relaciones que le ayuden a separarse paulatinamente de su núcleo familiar. Necesitan admirar a alguien ajeno a su familia para saber hacia dónde quieren ir, cuáles son sus aspiraciones y qué es lo que tiene que hacer para lograrlas.

Todos estos cambios son sufridos no sólo por el adolescente, sino también por sus padres: extrañan al niño que un día tuvieron en casa, se sienten impotentes pues hacer que un adolescente obedezca es más difícil que lograr que un niño lo haga (¿Cuántas veces hemos oído a los padres decir que ya no es tan fácil nalguear a un joven que los supera en tamaño?), además de que ver el ímpetu de la juventud es un recordatorio de nuestra propia vejez.

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Con todo lo que se ha mencionado hay que entender que no existe “el adolescente perfecto”. Y si existe, tal vez no podemos llamarle adolescente, tal vez correspondería con un joven comportándose de manera infantil (saca diez, es limpio, no contesta, no se enoja, no reclama). Aunque para los adultos suele ser una ardua tarea el tolerar la impulsividad del adolescente, para el adolescente también es difícil tolerar a los adultos con toda su monotonía y su forma tan 

“errónea de hacer las cosas”, como muchos jóvenes suelen decir. Hay que entender que la adolescencia es una revolución en todos los sentidos y que es una etapa necesaria que requiere de unos padres que sepan tolerarla, pero al mismo tiempo poner límites claros y sobretodo, que tengan sentido.

Sin embargo, en muchas ocasiones el adolescente requiere de un espacio diferente a la escuela, a su círculo de amigos o a su hogar en donde pueda expresar sus sentimientos y pensamientos. La terapia psicológica para adolescentes puede ser una buena opción en estos casos y en nuestra experiencia trabajando con adolescentes nos encontramos usualmente con jóvenes que tienen mucho que decir: muchas preguntas, mucha imaginación, muchos planes y muchos sentimientos de gran intensidad, lo que hace de la psicoterapia con adolescentes un proceso muy fructífero. ¡Qué importante resulta ofrecerle al joven la oportunidad de construir un pensamiento propio!

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